El
Santo Grial, ¿realidad o ficción?
La
historia del Santo Grial ha inspirado numerosos libros de
ficción e imaginación, incluyendo películas
muy populares. La verdad sobre la actual ubicación
de este cáliz es menos clara.
Un investigadora, Janice Bennett, autora del libro publicado
en Estados Unidos «St. Laurence and the Holy Grail»
(Ignatius.com) cree que la historia del cáliz se puede
seguir desde el viaje de San Pedro a Roma hasta que finalmente
quedó custodiado en España.
Bennett posee un master en Literatura española por
la Universidad de Colorado y un certificado de «Advanced
Bible Studies» de la Escuela Católica Bíblica
de Denver. Es miembro del centro español de Sindonología,
con sede en Valencia, España, y ha compartido en entrevista
sus razones para creer que la Santo Cáliz que se venera
en Valencia es la copa usada por Jesús en la Ultima
Cena.
Qué
es exactamente el Santo Grial? ¿Cómo responde usted
a quienes dicen que es sólo una leyenda?
Para los cristianos,
el Santo Grial es y siempre ha sido la copa usada por Jesús
para consagrar el vino en la Ultima Cena, el auténtico receptáculo
que recibió la sangre de Cristo en el apenas instituido sacramento
de la Eucaristía.
La gente de todo
los tiempos se ha quedado un poco perpleja de que esta preciosa reliquia
haya originado un importante número de historias fantásticas
sobre guerreros, monjes y reyes que se embarcaban en su búsqueda.
Esto ha sido
así no sólo para la gente medieval sino para personas
de nuestro hoy, dada la actual popularidad de las leyendas sobre el
Santo Grial y películas tales como «Indiana Jones y la
Ultima Cruzada», en la que Indiana Jones descubre un gran número
de posibles griales en la inverosímil ubicación de Petra,
Jordania.
Lamentablemente,
el grial que Indiana dice que es auténtico es el menos probable,
históricamente hablando, porque está hecho de madera,
un material poroso que estaba prohibido en la celebración de
la Pascua judía.
Es innegable
que Jesús utilizó una copa para la consagración
y que esta copa es un objeto histórico, no un mito. Quizá
a causa del misterio y fantasía que han rodeado a esta reliquia
por excelencia, algunos investigadores actuales han creado un escenario
por el que el Santo Grial podría estar relacionado con temas
que van desde la Sábana Santa de Turín hasta María
Magdalena.
Otros definen
el Grial simplemente como un interrogante personal o una exploración
del ser, o lo relacionan con toda suerte de antiguas leyendas y ritos
de la fertilidad, conduciendo a una gran confusión como la
que tenemos actualmente.
¿Por
qué llegó a investigar sobre su existencia y paradero?
Mi marido y yo
visitamos la Capilla del Santo Grial en la catedral de Valencia a
principios de los años noventa. Pensé que era muy extraño
que dijeran tener la copa usada por Jesús en la Ultima Cena,
porque nunca oí nada parecido en los Estados Unidos.
La única
información disponible era un pequeño folleto, no muy
bien traducido al inglés, que mencionaba al Papa Sixto II,
confiando la copa a San Lorenzo en el año 258 después
de Cristo, y que San Lorenzo la envió a España en manos
de un soldado español. También ofrecía una breve
historia de la reliquia en España.
Años más
tarde, cuando investigaba sobre reliquias en la Biblioteca Nacional
de Madrid, recordé aquel folleto. Busqué información
sobre San Lorenzo y encontré una traducción muy interesante
de un documento que se dice escrito por san Donato, en el siglo VI,
que no sólo contiene una biografía de los primeros años
de San Lorenzo sino que confirma que este traslado tuvo lugar.
Al mismo tiempo,
encontré un librito, escrito por el sacerdote responsable de
cuidar la reliquia, a principios de la guerra civil española
de 1936.
Cuando examiné
las fotos de donde había sido escondida durante el conflicto
–dentro de los cojines de un sofá, en el compartimento
secreto de un armario y tras una pared de piedra–, me quedé
verdaderamente sorprendida de las dificultades que la reliquia ha
sufrido a través de los siglos.
Inmediatamente
me di cuenta que tenía que investigar la historia de esta copa
en profundidad. El Santo Cáliz de Valencia no sólo reivindica
su autenticidad sino que tiene detrás una larga tradición
y una historia fascinante que apoya completamente esta afirmación.
¿Qué
se piensa que sucedió al Santo Grial inmediatamente después
de la Última Cena?
Muchos estudiosos
creen que el Cenáculo –la habitación en la que
tuvo lugar la Ultima Cena–, y el Santo Cáliz eran propiedad
de la familia de san Marcos, el evangelista, que hizo de intérprete
de san Pedro en Roma.
San Marcos y
san Pedro vivían en relación estrecha y parece tener
sentido que san Marcos diera la Santa Copa a san Pedro, por la simple
razón de que era muy importante para los primeros cristianos
usar reliquias en la liturgia, y Pedro era la cabeza de la Iglesia.
La tradición
española afirma que san Pedro se llevó el Santo Cáliz
consigo a Roma, donde lo pasó a sus sucesores hasta la persecución
de Valeriano, en el año 258.
Debido al grave
peligro de que la preciosa reliquia cayera en manos de los romanos,
san Sixto II, sabiendo que pronto sería martirizado, confió
la copa a su tesorero y diácono, san Lorenzo. Éste a
su vez la dio a un soldado español pidiéndole que la
llevara a Huesca, España, donde sabía que su familia
se haría cargo de ella.
Esta antiquísima
tradición se apoya en muchos factores: el canon romano de la
Misa, el hecho de que la copa no se menciona en Roma hasta el siglo
III, varios documentos, y la presencia tradicional e histórica
del Santo Cáliz en España.
¿Cuál
es su teoría sobre la historia del Santo Grial y la actual
ubicación?
Mucha gente cree
que hay cientos de posibilidades sobre el auténtico Santo Grial,
según el viejo dicho de que si se reunieran todos los pedazos
de la Verdadera Cruz extendidos por el mundo, habría madera
suficiente para una docena de cruces. No es éste el caso.
Es verdad que
en el siglo XVI había unas 20 copas que reivindicaban el honor
de ser la auténtica usada por Jesús en la Ultima Cena.
Pero hoy ninguna de ellas es considerada auténtica, con la
excepción del Santo Cáliz de Valencia y la copa de plata
de Antioquía.
La copa de plata
de Antioquía tiene una capacidad de dos litros y es demasiado
grande para poder pasar de mano en mano, en torno a la mesa de la
Ultima Cena durante la comunión eucarística. Lo interesante,
sin embargo, es el hecho de que san Jerónimo mencionara que
había dos copas sobre la mesa de la Ultima Cena, una copa de
plata que contenía el vino para la cena, y una de piedra que
fue usada para la institución de la Eucaristía.
Sólo el
Santo Cáliz de Valencia, con la parte superior de piedra de
ágata, responde a la descripción de san Jerónimo
acerca de la copa usada por Cristo en la consagración. Cuando
se examina su tradición e historia en detalle, es completamente
evidente que todo concuerda. No creo que alguien pueda desautorizar
la teoría de que el Santo Grial es en efecto el Santo Cáliz
de Valencia, España.
¿Qué
fábulas modernas equivocadas han detectado los modernos estudiosos
sobre el Santo Grial y sobre quienes estuvieron implicados en su
traslado?
Cuando hablamos
del Santo Cáliz de Valencia, uno de los problemas ha sido una
laguna de información sustancial y sobre los hechos que van
más allá de la tradición de san Lorenzo, y otra
ha sido la afirmación errónea de que hay muchos griales
que reclaman ser el que el Papa Sixto II dio a san Lorenzo.
Los hechos a
menudo se mezclan con afirmaciones falsas y material legendario, de
tal manera que hacen dudar sobre la posibilidad de llegar a saber
la verdad.
Un serio rival
de la tradición de san Lorenzo, al menos en la opinión
popular, es la leyenda de que José de Arimatea llevó
el Santo Grial a Inglaterra.
Está basada
en el poema «Joseph of Arimathea», del poeta Robert de
Boron, que confirma la leyenda apócrifa de Nicodemo, añadiendo
que José de Arimatea llevó el Grial a Glastonbury, para
unir la cristiandad a los huesos del legendario Arturo que se suponía
habían sido enterrados allí.
Narra que José
de Arimatea recogió la sangre de Cristo en una vasija que fue
usada como bandeja para el pan y el cordero pascual en la Ultima Cena,
y luego la entregó al dios celta Bron que la llevó a
Occidente como un talismán de inmortalidad.
No es difícil
comprender que esta leyenda no se basa en nada jamás probado
y el grial en este caso no es una copa histórica, sino más
bien una bandeja que no existió en realidad. Nos encontramos
ante un ejemplo perfecto de mezcla de fantasía y realidad,
literatura y leyenda que permite muchas discusiones sobre el Santo
Grial.
¿Por
qué el Santo Grial debería interesar a los cristianos
en la actualidad?
El Santo Grial
debería interesar a los cristianos de hoy por la misma razón
de que siempre ha sido venerado, a través de los siglos, como
la copa usada por Cristo para instituir la Eucaristía.
Es muy apropiado
que este último «descubrimiento» sobre el Santo
Grial coincida con el Año de la Eucaristía, que fue
proclamado por el Papa Juan Pablo II, en la fiesta de Corpus Christi
en junio y empezó en octubre. En la celebración de este
sacramento, tan central a la fe, a lo largo de todo el año,
los católicos están llamados a honrar la Eucaristía
para recibirla con más fe y reflejar más profundamente
su significado en sus vidas y en la vida de la Iglesia.
La historia del
Santo Cáliz de Valencia es un hermoso recuerdo de la importancia
de este sacramento en la vida de la Iglesia, tan evidente en el cuidado
por conservar a través de los siglos la vasija usada por Cristo
en la institución de la Eucaristía.
La historia inicia
con san Pedro, primera cabeza de la Iglesia, que llevó la copa
sagrada a Roma para usarla en la liturgia de la Misa. Sigue con los
santos Sixto y Lorenzo, ambos martirizados por rehusar entregarlo
a los romanos.
La Iglesia en
España protegió la vasija de la invasión musulmana
en el siglo VIII y años más tarde vemos el mismo respeto
y heroico valor en quienes salvaron la copa de la destrucción
durante la guerra de independencia y la Guerra Civil españolas.
Gracias a su
deseo personal, en 1982 el Santo Padre fue el primer Papa en celebrar
la Misa con la reliquia desde san Sixto II en el siglo III, y hoy
los cristianos de todo el mundo pueden venerar esta copa tan especial.
Este es un milagro
de nuestros días que puede darnos ocasión para profundas
reflexiones sobre la importancia de la Eucaristía en nuestra
vida diaria, de manera que podemos públicamente proclamar que
el sacrificio de Cristo es para la salvación del mundo entero,
como desea el Santo Padre
MADRID, 5 ago 1999 (ZENIT).- «El
Misterio del Santo Grial. Tradición y leyenda
del Santo Cáliz», es el título del último
libro publicado sobre la reliquia
a la que se le atribuye su utilización por Jesucristo en la
Ultima Cena y
que se conserva en la Catedral de Valencia. El autor de la obra, es
Salvador Antuñano Alea, de 33 años, profesor de Ética
y Sagrada Escritura
en el Centro Universitario Francisco de Vitoria en Madrid.
«Si Indiana Jones hubiera visitado Valencia, no hubiera hecho
caso de
vetustas leyendas medievales, y se hubiera ahorrado todos los peligros
de
"la Ultima Cruzada"», asegura Antuñano con humor en las
primeras palabras
del libro. A través de 220 páginas realiza un recorrido
por la tradición
que envuelve el Santo Cáliz, con las averiguaciones arqueológicas
sobre su
utilización en la Ultima Cena, el uso que de él hicieron
los primeros Papas
de la cristiandad, su traslado a España, las leyendas medievales,
su
estancia en el monasterio oscense de San Juan de la Peña y su
primera
entrada en la historia documentada a finales del siglo XIV.
Recoge finalmente los «empeños, quebrantos y persecuciones»
de que fue
objeto desde entonces, y su utilización por Juan Pablo II durante
la misa
que presidió en Valencia en noviembre de 1992.
Según la tradición, el Grial fue el cáliz del que
bebieron Jesús y sus
discípulos en la Ultima Cena. Se trata de una copa propiamente
dicha, a la
que se le ha añadido una estructura de oro con dos asas que
los une. El
conjunto mide 17 centímetros de altura. La copa es de forma
semiesférica,
con un diámetro de 9 centímetros y constituida por ágata,
de color rojo
obscuro, cuyo estudio arqueológico muestra que fue labrada en
su taller de
Palestina o Egipto entre el siglo IV a.c. y el primero de nuestra era.
En los albores del cristianismo
Este vaso de suma trascendencia no pudo ser olvidado tras la muerte
del
Redentor, tanto más cuanto los discípulos se reunieron
varias veces en el
Cenáculo. Así se explica el que el Santo Cáliz
apareciese en Roma, llevado
según la tradición desde Jerusalén por san Pedro.
Transcurrieron, pues, dos
siglos y medio en los que existen claros indicios de que el cáliz
fue
utilizado por los pontífices para celebrar la Eucaristía.
Según ha indicado
Antuñano, «lo que más impresiona al investigador
es que el canon litúrgico
romano de los primeros Papas, en el momento de la consagración,
decía
textualmente: "tomando este glorioso cáliz", refiriéndose
a "este" solamente».
La historia del Cáliz cuenta que, en la persecución del
emperador Valeriano
antes de morir, el Papa Sixto II entregó las reliquias, las
alhajas y el
dinero a su diácono Lorenzo, natural de Huesca (España),
quien también fue
martirizado, no sin que antes enviara a la ciudad natal el Cáliz
de la
Eucaristía acompañado de una carta suya. Ocurría
todo ello el año 258 o,
según algunos autores, el 261.
La copa permaneció en Huesca hasta la invasión musulmana.
El obispo de la
ciudad, Audeberto abandonó con el Santo Caliz su tierra en el
713 para
refugiarse en la cueva del monte Pano donde vivía el ermitaño
Juan de
Atarés; lugar en el que posteriormente se fundó y se
desarrolló el
monasterio de San Juan de la Peña; del que surgió un
núcleo de hombres
esforzados que acometieron la reconquista contra los mahometanos. Tuvo
esta
lucha caracteres épicos, que no dejaron de ser aprovechados
por la creación
literaria, ya que, según historiadores de la literatura, constituyen
el
origen o la fuente de poemas tan célebres como los de Cristián
de Troyes o
Wolfram de Eschenbach, con su héroe Parceval o Parzival, que
es
posteriormente al Parsifal de Ricardo Wagner. En todos estos poemas
hay un
Vaso maravilloso, al que se denomina «Graal» o «Grial»
y cuya relación con
el Santo Cáliz es fácil comprender.
La presencia del Santo Caliz en San Juan de la Peña está
testificada por un
documento del 14 de diciembre de 1134. El 26 de septiembre de 1399
el Cáliz
pasó a ser custodiado en Zaragoza, a petición del rey
de Aragón, don Martín
el Humano. En el texto de entrega, que se conserva en Barcelona, se
hace
constar que el Santo Cáliz fue remitido desde Roma con una carta
de San
Lorenzo. Durante el reinado de don Alfonso el Magnánimo la reliquia
fue
trasladada a Valencia. Desde el 18 de marzo de 1437 se conserva en
la
catedral de esa ciudad, según un documento en el que se refiere
al «Cáliz
en que Jesucristo consagró la sangre el jueves de la Cena».
La historia más dramática y sublime de la humanidad
«El Santo Cáliz no se conoce suficientemente ni dentro
ni fuera de España»,
asegura Antuñano, mexicano residente en España,
que considera que «su
valor no está en un rigor científico plenamente demostrado,
por más que la
arqueología misma no tenga nada que objetar contra su autenticidad,
sino
por el simbolismo que tiene con la Cena del Señor: vale porque
es signo y
figura de la institución de la Eucaristía y esto es mucho
más grande que
cualquier vestigio histórico». Según Antuñano,
«cuando se desvela el
misterio del Grial, uno se da cuenta de que no tiene nada de enigma
esotérico, aunque lo que encierra es la historia más
dramática, romántica y
sublime que la humanidad ha vivido: la historia del Verbo hecho Hombre
y
Eucaristía».
La obra, editada por EDICEP, ha sido prologada por el arzobispo
de
Valencia, monseñor Agustín García Gasco, quien
considera su lectura
«sumamente recomendable porque resalta que el valor y el sentido
del Santo
Grial adquiere en la Eucaristía toda su relevancia».
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lsímbolo del Grial ha ocupado un lugar en la imaginación humana desde que comenzó a difundirse por Europa en el medievo, y continúa ejerciendo una fascinación sobre todos aquellos que entran en su esfera de influencia.
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Sin embargo, no existe una imagen concreta y definida del Grial, y ni siquiera está probada su existencia; se han pronunciado toda clase de opiniones acerca del origen de los relatos que vienen circulando en forma escrita desde principios del siglo XII, habiéndose discutido acerca de su verdadera forma: una copa, un plato, una piedra o una joya. No obstante, todos se muestran de acuerdo en que se trata de algo profundo y misterioso, algo a cuya búsqueda quizá merezca dedicar la vida entera, aun sabiendo que dicha búsqueda pueda resultar infructuosa. Podemos encontrar estos elementos básicos de la historia bajo formas muy diversas, en mitologías de todo el mundo, y no sólo cristianas, pues aunque el Grial quedó fuertemente enraizado en la imaginación occidental como símbolo de la doctrina de Cristo, se puede demostrar que gran parte de la imaginería tiene su origen en culturas orientales. Pero antes de empezar a deshilar la trama del símbolo conviene repasar el relato, tal como nos ha llegado a través de los testos medievales. En ellos está contenido casi todo lo que sabemos del la historia «exterior» del Grial, y en ellos se ha basado la siguiente reconstrucción de la narración La historia comienza con José de Arimatea, rico hebreo que se hizo cargo del cuerpo de Cristo para enterrarlo y que, según se creía, se quedó también en posesión del cáliz utilizado por Jesús en la Última Cena. Mientras está lavando el cuerpo, preparándolo para la sepultura, José recoge en el cáliz la sangre que se vierte de las heridas. Tras la desaparición del cuerpo, se acusa a José de haberlo robado y se le encierra en prisión sin alimento alguno. Allí se le aparece Cristo, quien, bañado en una luz resplandeciente, le confía el cáliz, lo instruye en los misterios de la Misa -y, según se dice, en otros secretos- y desaparece. Milagrosamente, José se mantiene con vida gracias a una paloma que penetra en su celda cada día y deposita una hostia en el cáliz. Queda en libertad el año 70 y marcha al exilio junto a un pequeño grupo de seguidores, entre los que figuran su hermana y el marido de esta, Bron. Construyen una mesa, llamada la Primera Mesa del Grial, que representa la mesa de la Última Cena y a la que se sientan doce personas; el puesto de Cristo es ocupado por un pez. Imagen de la última cena de Jesús con los apóstoles, donde se puede apreciar en la mesa el Santo Grial. Un decimotercer asiento, que representa el puesto de Judas, permanece vacío a partir del momento en que un miembro de la orden procurase instalarse en él, habiendo sido «devorado» por él mismo; posteriormente, a este asiento se lo denominará Sitio Peligroso. Según algunas versiones, José se embarca hacia Gran Bretaña, donde funda la primera iglesia cristiana en Glastonbury, dedicándosela a la madre del Salvador. El Grial queda en esta iglesia, donde es empleado como cáliz en la misa (en la que participa toda la comunidad) que luego se conocerá como Misa del Grial. En otra versiones, José no llega más allá del continente europeo, y la custodia del cáliz pasa a Bron, quien acaba siendo conocido como el Rico Pescador (después de haber dado de comer a toda la orden con un solo pez, retirando el milagro de Cristo). El grupo se establece en un lugar llamado Avaron (que podría ser el mismo Avalon, el Más Allá de los celtas, identificado así mismo con Glastonbury), en espera de la llegada del Tercer Custodio del Grial, Alain. Hemos llegado ya a los tiempos de Arturo, y todo está dispuesto para iniciar la búsqueda. Merlín el mago ha fundado la Mesa Redonda o Tercera Mesa (en la que, sin embargo, falta el Grial), en torno a la cual se reúne una cofradía de caballeros encabezada por Arturo y regida por la reglas de la caballería. El día de Pentecostés se les aparece el Grial, flotando en un rayo de luz y cubierto por un velo, y los caballeros se comprometen a salir en su busca. Aquí comienzan las aventuras de iniciación en las que participan casi todos los caballeros, y en especial Lanzarote, Gawain y Bors, aunque el mayor protagonismo recae en otros dos: Perceval (Percival o Parsifal), apodado el Tonto Perfecto a causa de su inocencia; y Galahad, hijo de Lanzarote, quien se distingue de los demás desde un principio por sentarse en el Sitio Peligroso sin sufrir daño alguno. Santo Grial. De los muchos que parten de la corte de Camelot, sólo tres consiguen encontrar el Grial y participar, en diversas medidas, en sus misterios: Galahad, el caballero virgen e impecable; Perceval, el tonto santo, y Bors, el hombre humilde y «corriente», que es el único de los tres que regresa a Camelot con noticias de la búsqueda. Perceval, después de sufrir un primer fracaso y vagar solitario durante cinco años, encuentra de nuevo el camino hacia el castillo del Rey Herido (que en algunas versiones es su tío, además de Rey Pescador y guardián de la ruta a la Tierra Desolada) y consigue curarlo al plantearle una pregunta ritual -por lo general, «¿A quién sirve el Cáliz?»-. (La respuesta, que nunca se revela explícitamente, es «al Rey mismo», quien permanece vivo más allá de su vida normal, aunque atormentado por la herida.) Una vez curado, se le permite al Rey morir, y las aguas vuelven a fluir por la Tierra Desolada, haciéndola florecer. Galahad, Perceval y Bors continúan su viaje y llegan a Sarras (quizá una corrupción de Muntsalvach), la Ciudad Celestial de Oriente, donde se celebran los misterios del Grial y donde los tres caballeros participan en una misa en la que una vez más el Grial sirve de cáliz. Cristo se manifiesta, primero como celebrante, luego como un niño resplandeciente y, por último, en la Hostia, como un crucificado. A continuación, Galahad muere en olor de santidad y el Grial asciende a los cielos; Perceval vuelve al castillo del rey Pescador para ocupar su puesto, y Bors regresa sólo a Camelot. Su origen, historia, evolución y desaparición final están descritos con todo detalle, y aunque existen contradicciones en cuanto a la forma del vaso, no las hay en la historia de su permanencia en este mundo. Esto constituye una importante pista de la naturaleza del Grial como símbolo, así como del modo en que lo entendían quienes hablaron de su existencia. No obstante, la Iglesia oficial no hizo jamás referencia alguna a un objeto tan importante y conocido, ni para confirmar, ni para negar su existencia. En una época tan aficionada a la búsqueda de reliquias, esto no deja de resultar sorprendente.
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